12 Nacer / 13 ¡Está bien!
NACER.
Unos días antes de la primavera del 2012, bajo la regadera, sobre mi cabeza descendieron, junto con el agua, las gotas de luz que concibieron el siguiente camino. Como semillas germinaron muchas ideas, se gestaba una hija de mi apasionada relación con la Astrología.
Aferrándome a la idea concebida, ignoré la rutina y bajé apresurada a enraizarla.
Frente a una taza de café, encontré, entre muchas opciones, después de una sopa de letras, palabras y significados, después de mezclar el Tarot y escoger una carta, después de anotar muchas combinaciones, después de que el café se terminó, escribí: ASTRO URANIA.
Sonaba como una certeza mi corazón. Me gusta leerlo y me gusta escucharlo. Los Astros y su musa, Urania.
También tenía que fijar nuevas cuotas. Investigué, no estaba muy segura de los costos que establecí. Pero, ya había hecho un trato con la vida. Y la confirmación no tardó mucho.
Capítulo 13
¡ESTA BIEN¡
Llegaba un poco tarde a la casa que Lupita y su hijo tenían por la carretera al Ajusco, en el sur de Cd. de Mx. Ya estaban sentadas a la mesa mi madre y Lupita, era una mesa grande, de madera, se veía muy maciza. Sobre el mantel blanco, antiguos jarrones con flores, cuatro o cinco charolas con comida. Al terminar de comer, Lupita tomó las charolas vacías y las llevó a la cocina, yo fui tras ella con algunos platos sucios.
Estaba de pie frente al ventanal junto al fregadero, la miré iluminada con el sol de la tarde, con su mano derecha al borde de la barra y la izquierda extendida hacia mí para recibir los platos sucios, su vestido de dos piezas era formal, verde oliva, de manga corta, dejaba al descubierto unos brazos aún con mucha fuerza. Su cabello quebrado, con canas, peinado hacia atrás, apenas le llegaba al hombro. Sus zapatos, negros, muy formales. De sus lentes colgaba una cadena que rodeaba su cuello. Me miró con los ojos que yo no recordaba, si es que alguna vez los ví cuando era niña. Me miró y entregándome una de las muchas charolas que había en la mesa me dijo:
- Está bien lo que cobras por tu trabajo -
Siguió ofreciéndome charolas de plata llenas de dulces deliciosos, chocolates, merengues, dulces de leche. El aroma dulce llamó mi atención, miré en la mesa con sorpresa la gran cantidad de postres que Lupita preparó, me dijo que era todo para mí y que había usado la vajilla que estuvo guardada por mucho tiempo. Mi piel se erizó.
Desperté con ese agradable sabor de plenitud y agradecimiento que se queda cuando se encuentra a alguien muy querido que no se ha visto en años, con una sensación de aprobación y con un trabajo qué hacer.


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