16 Lo que se comparte crece.
En duelo por mi madre, disminuyó mi atención al trabajo. Plutón estaba en contacto a mi Ascendente, un poco más amable que los aspectos anteriores, pero no menos doloroso y me pedía un renacimiento.
Me permití hacer cosas que no había hecho antes, como pedirles a mis hijos, ya adolescentes, que se fueran a vivir con su padre. Cuando después de hacerles saber a ellos y a su padre, que estaba agotada física y emocionalmente, y no hicieron mucho caso, recurrí a la energía de Urano opuesto a mi ascendente, un día en que no podía más, de repente, con desapego y sin miramientos se los hice saber. Necesitaba tiempo y cuidados para mí. Unas semanas después, hablé con ellos, les expliqué cómo me sentía y decidimos reunirnos a comer dos veces por semana. La relación con ellos cambió, mi relación con el mundo, mi trabajo, todo estaba impactado.
En combinación, Saturno se acercaba a una cuadratura con mi Luna, exigiendo cuentas sobre el ejercicio de mi maternidad, una recapitulación de mi vida como madre y la transmutación de mi relación con el mundo.
Las primeras semanas después de que se fueron mis hijos, dormía mucho, y aunque pueda parecer que era la tristeza por la pérdida, era en su mayor parte cansancio físico acumulado.
Fueron dos años y medio de duelo. Entre procesos legales que atender por la muerte de mi madre. Conciliar los deseos de cinco voluntades herederas, para decidir qué hacer con lo que ella dejó. Sacar la casta y poner en juego intereses personales, asuntos familiares no resueltos, repartir libros, muebles, recuerdos. Tocar cada objeto de su casa, traer imágenes a la memoria y decidir si permanecía o era desechado. Llamar al señor de los cachivaches para que se llevara un montón de cosas viejas, pero servibles aún. Mirar cómo el camión de la basura engullía las alacenas de la cocina. Decidir qué hacer con las cartas que nos escribimos. Revisar cada libro. Querer conservarlo todo y a la vez querer prenderle fuego a todo, alejarse lo más posible y enterrar la cabeza en la arena. Fue proceso de desapego y evolución.
Después de un temblor que dañó la casa de mi madre. La responsabilidad Saturnina sobre las posesiones materiales se hizo evidente. Aunque desde el primer momento, yo no quería conservar la casa y mis hermanos sí, a esas alturas representaba más costos que beneficios. Debía dejar ir el hogar donde crecí. La casa que representaba cobijo y refugio materno. Debía aceptar que eran casi ruinas, prácticamente inhabitable y con riesgo de un derrumbe. Después de todo, era solo paredes viejas, mi madre ya no estaba ahí, pero el ego y los apegos, lo hacen muy doloroso y complicado.
Gracias a la labor de mi hijo, Sol de Aries con Luna de Capricornio, conciliamos todos los desacuerdos, se limaron asperezas, personalmente concluí con una extraordinaria sensación de hermandad. No pudieron ser cumplidos los deseos de cada uno, pero cada uno obtuvo lo mejor de acuerdo a las circunstancias. Todo en partes iguales, tal como lo quería mi madre.
Heredé mucho más que cosas. Heredé una buena semilla que dio frutos. Conciliando desacuerdos, decidiendo lo mejor para todos, protestando por nuestros apegos, mostramos que somos herederos de dos seres que rompieron los condicionamientos religiosos y culturales de su época, que fueron buscadores de la verdad, que nos enseñaron a explorar el mundo a través de la filosofía, la astrología, la meditación. Que vivieron su vida, y que la vivieron buscando ser ellos mismos, despejando un poco el camino para los que vamos detrás.

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