1 Primeros pasos.
Al abrir el portón se veía el jardín, al que daban todas
las habitaciones, nos recibía en su estudio, subiendo escalones a la derecha
que me gustaba brincar, era frío, con paredes muy altas y con vigas en el
techo, para entrar se atravesaban las puertas de doble hoja con ventanas y
cortinas que no dejaban pasar mucha luz. Los estantes, al rededor, de madera
oscura llenos de libros viejos, con ese olor tan especial difícil de describir,
tenían lomos de percudidos colores y algunos letras doradas, en las paredes
pinturas viejas y cuadros con imágenes llenas de símbolos, cosas misteriosas e
interesantes, que absorbían mi mirada y las contemplaba con una atracción
inexplicable.
Mi corta estatura sólo me permitía mirar parte de una
silueta frente a la ventana del fondo, pero percibía su fuerza, ahí sentada,
tras su escritorio, llenando la habitación, más aún, llenando la casa entera.
Al entrar, un escritorio, tan antiguo como Lupita, con una
lámpara que alumbraba lo que estaba encima: plumones de punto fino rojos,
negros y azules, que estaban prohibidos para mí, hojas sueltas con una letra
cursiva e impecable y lo más fascinante de todo, hojas con dibujos de círculos
con signos y símbolos, letras pequeñas, estrellas y líneas de colores, eran los
Mapas Astrales, los observaban fijamente encaramadas como asomadas a una
pequeña ventana con un telescopio invisible.
Lupita explicaba sus significados con palabras que yo nunca
escuchaba fuera de mi casa, como “trinos”, “sextiles”, “cuadraturas”, además
nombraban a los dioses romanos, que por supuesto yo no conocía aún, con mucha
familiaridad, “Neptuno en cuadratura con Júpiter”, o “Marte está en trino con
Urano” o frases como “tiene el Sol en la nueve”, si alguna vez las repetía a
mis compañeros de escuela o amigos, me veían como si estuviera loca.
Mi madre llevaba en una maleta una grabadora pequeña,
casetes nuevos, sus plumones, reglas, algunos libros y un folder con el mapa
astral a interpretar en esa clase. Lupita, tras sus anteojos, revisaba el
cálculo contra las efemérides, un libro donde se registran las posiciones de
los planetas día a día, y tablas de casas, otro libro donde se consultan las
casas mundanas (las casas mundanas representan las áreas de la vida, como
hogar, pareja, trabajo, etc.) buscaba la posición del Sol y verificaba que
estuviera en la casa correcta de acuerdo a la hora de nacimiento.
Cuando empecé a estudiar Astrología trece años después,
comprendí que toda la precaución para revisar un mapa astral antes de
interpretarlo es poca, pues con un pequeño error, se puede perder la utilidad y
el sentido del mapa.
Si se ponía un Mercurio en lugar de Venus, si se trazaba un
trino con color rojo, o si se confundía a Virgo con Escorpio, se tenía que
empezar de nuevo.
Cuando aprendí a calcular un Mapa Astral se necesitaban
muchos elementos, primero la hora de nacimiento lo más exacta posible. Una vez
con la hora exacta, debía buscar si, en el momento que nació esa persona, hubo
un cambio de horario y hacer el ajuste al meridiano oficial que registraba el
horario en el país de nacimiento. Para esto debíamos guardar cualquier noticia,
libro de historia, atlas, etc. que pudiera contener datos importantes. Algunos
de esos textos los exhumamos de locales de libros usados, llenos de polvo, como
auténticos tesoros. Lupita tenía unas listas con esa información y les sacaba
copias que enmicaba para sus alumnos y los interesados seguíamos anotando los
cambios y fechas según sucedían. Calculaba la hora real de acuerdo al meridiano
oficial, luego con el de Greenwich, 4 minutos por grado.
Con el resultado de este y otros cálculos, buscábamos en
las tablas de casas el Ascendente, que es el signo zodiacal que “subía” por el
horizonte al momento del nacimiento y que nos orienta para conocer la
personalidad de alguien y los escenarios de sus experiencias.
El Mapa Astral Personal es una representación del cielo tal como se ve
desde el lugar de nuestro planeta y a la hora exacta del nacimiento de una
persona. Es un dibujo de un instante en el Universo. Un gráfico en el cual, una
mente preparada puede reconocer y describir las características de una persona
o de un momento, en el caso de la firma de un contrato, o un matrimonio, por
ejemplo, pero no podrá predecir los hechos exactos, ni acciones, ni las
consecuencias de éstas. Se pueden observar las posibilidades de acción o
reacción de una persona de acuerdo a su mapa natal, pero también se toma en
cuenta el libre albedrío y la voluntad de la persona. Es un código astral que
contiene un patrón de evolución. Por lo que la manera en que esta alma lo viva,
lo observe y responda a ello, impactará en su comprensión y consciencia, y a la
vez, enviará información de regreso al universo en un intercambio divino de
energía y experiencias.
El cálculo de un mapa astral requería por lo menos de unas tres horas.
En la escuela nunca entendí cómo hacer este tipo de ecuaciones. Mi hermano pasaba horas y horas enseñándome a
despejar una “x”, al día siguiente yo
presentaba el exámen, lo pasaba de “panzazo” y olvidaba el tema.
Pero sentirme tan importante entre tablas de casas, efemérides,
logaritmos, antilogaritmos, estrellas, gráficos llenos de símbolos, era tan
emocionante que me obligaba a mí misma a estar a la altura de todas esas cosas
y hacía el esfuerzo necesario para lograrlo. En mi imaginación viajaba al
espacio, recorría las órbitas de los planetas y escuchaba los susurros de los
dioses revelando secretos sobre el destino escrito en las estrellas y la
eternidad a la que pertenecen. Así fue que la Astrología hizo uno de sus
primeros milagros en mi persona: aprendí a calcular un mapa astral y con el tiempo los calculaba en menos de lo
que canta un gallo. Y no se diga del trazo del esquema, siendo Luna en Libra,
me esmeraba en la armonía y proporción de la carta ¡tenía que verse bonita!
Las
posiciones calculadas de los planetas, el ascendente y las casas mundanas se
dibujaban en los grados exactos de los signos del zodíaco, con plumones de
colores, como esos que recuerdo sobre el escritorio de Lupita, quien diseñó un
esquema zodiacal, que mandaba a imprimir por cientos, donde se dibujaban los
símbolos de los planetas y se trazaban los aspectos.
Todo el proceso para calcular y trazar el mapa astral de
una persona establecía una conexión con su energía y su esencia que facilitaba
la interpretación.
La Astrología es arte
y ciencia, el resultado depende de la preparación, del conocimiento y de la
visión del que realiza la interpretación. La Astrología es tan vasta que abarca
cualquier profesión, emoción, talento y área de vida que existen. En mi
consulta atiendo a médicos, artistas, mujeres de todas las edades, jóvenes,
amas de casa, empresarios y a aquellos
que buscan respuestas profundas sobre su vida.
La meditación ha sido una herramienta, un buen recurso para
lograr un estado neutro, sin juicios, para explicar lo que se ve y decir lo que
se tiene que decir, con empatía y comprensión de cualquier experiencia de vida
que los clientes me confían.
Pero eso no era para mí a mis siete años, Lupita y mi mamá
me pedían que saliera al jardín cuando se ponía interesante la interpretación.
Era morena, robusta y de buena estatura, muy reservada, era
Sol Virgo. No se tomaba fotografías, por lo que no conservo ninguna. Mi mamá me
contaba que pertenecía a una logia, donde aprendió Astrología y otros
misterios, había obtenido el grado más alto permitido a una mujer y al quedar
viuda, comenzó a enseñar Astrología, con el permiso de su escuela, quienes
accedieron para que obtuviera ingresos económicos para ella y su hijo.
Cuando mi madre le platicó a Lupita, años después, de mi
interés por la Astrología y de mi condición de madre soltera y le habló también
de que la estrella Sirius estaba en
conjunción, es decir, muy cerca, al Sol en mi mapa, me tomó como su discípula y
me convertí en su última alumna.
Recuerdo que por mi juventud y condición, pidió una cuota
significativa como retribución, enseñándome las primeras dos lecciones:
La primera: valor y precio no son lo mismo.
La segunda: somos sólo un eslabón en la cadena de la vida y
es deber “saturnino”, sembrar semillas en los jóvenes para preservar el
conocimiento y la experiencia.
Como parte de los cuidados a su salud, tenía que seguir una
dieta, que de vez en cuando le permitían romper. Aproveché eso para mostrar mi
agradecimiento y me convertí en su cómplice, cocinaba para ella, le preparaba
chiles rellenos con queso en salsa de jitomate, o tortitas de plátano macho con
frijoles y queso capeadas, sopa de verduras con caldo de pollo, el platillo
estrella era una deliciosa receta de una tía abuela mía: manchamanteles, que
preparaba con pollo, una salsa de jitomate asado, con yema cocida, piña,
manzana, un poco de canela, dos pimientas y un clavo.
Muchas veces, cuando tenía que batir el huevo a punto de
turrón para capear, lo hacía con un tenedor, mientras echaba un ojo a mis
apuntes para tener fresca la información en la clase, mezclando los placeres
por la comida, con el hambre de saber.
Venus aparecía entre el dulce olor de la manzana y canela, Marte en el
olor de los chiles poblanos al desvenarlos, y la Luna en la satisfacción de
hacer algo especial para una persona que quieres. Para mi Sol de Cáncer
resultaba muy agradable. Aprendí las primeras lecciones de Astrología
cocinando, al ritmo del tenedor que convertía las claras de huevos en fina
espuma, entre las pimientas, los clavos y tomates asados.
En las clases, la memoria y lucidez de Lupita opacaban su
postración. Dictaba las lecciones básicas casi con perfección, mientras yo
anotaba lo más rápido que podía, cuando llegaba a mi casa pasaba las notas en
limpio. Si tenía una duda, debía esperar hasta la siguiente semana, porque si
le preguntaba a mi mamá, me decía que buscara en los libros o me respondía con
un - Tú ponlo así. -
Mientras me daba la clase los dedos de Lupita, tejían
pulseritas con hilos de colores, me regaló una roja, la usé todo lo que pude
hasta que se reventó de vieja. Hace algunos años mi mamá y yo encontramos una
entre las páginas de un libro de meditación, me dijo que la puso ahí tal cual
se la regaló Lupita, y al ver la emoción que sentí, me la regaló para que yo la
conservara. La puse en un portaretrato y ocupa un lugar especial en el librero
de mi estudio.
La pulserita impregnada de su esencia y un libro titulado
“La vida después de la muerte y el nuevo nacimiento" que trata de la existencia
del alma en sus relaciones con el cosmos, de Rudolph Steiner, fundador de la
escuela antroposófica, es lo único material que conservo de ella. Dentro de mí
llevo la semilla que sembró, germinó y sigue creciendo y extendiéndose, también
tengo su bendición. Lo sé porque cuando he tenido que tomar decisiones
importantes con respecto a Astrología, pasa algo extraordinario, un contacto
con ella que me guía y aprueba, como lo narraré en su momento.

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