1 Primeros pasos.

 


Lupita, la maestra, pasaba los días y noches en una cama ortopédica en su recámara, con más de noventa años, sus ojos ya no veían. Su única nuera, era la encargada de su cuidado. Conocí a Lupita muchos años antes, en esa vieja casa de Mixcoac, al sur de Cd. de Mx., cuando mi mamá asistía a sus clases y me llevaba. 

Al abrir el portón se veía el jardín, al que daban todas las habitaciones, nos recibía en su estudio, subiendo escalones a la derecha que me gustaba brincar, era frío, con paredes muy altas y con vigas en el techo, para entrar se atravesaban las puertas de doble hoja con ventanas y cortinas que no dejaban pasar mucha luz. Los estantes, al rededor, de madera oscura llenos de libros viejos, con ese olor tan especial difícil de describir, tenían lomos de percudidos colores y algunos letras doradas, en las paredes pinturas viejas y cuadros con imágenes llenas de símbolos, cosas misteriosas e interesantes, que absorbían mi mirada y las contemplaba con una atracción inexplicable.

Mi corta estatura sólo me permitía mirar parte de una silueta frente a la ventana del fondo, pero percibía su fuerza, ahí sentada, tras su escritorio, llenando la habitación, más aún, llenando la casa entera.

Al entrar, un escritorio, tan antiguo como Lupita, con una lámpara que alumbraba lo que estaba encima: plumones de punto fino rojos, negros y azules, que estaban prohibidos para mí, hojas sueltas con una letra cursiva e impecable y lo más fascinante de todo, hojas con dibujos de círculos con signos y símbolos, letras pequeñas, estrellas y líneas de colores, eran los Mapas Astrales, los observaban fijamente encaramadas como asomadas a una pequeña ventana con un telescopio invisible.

Lupita explicaba sus significados con palabras que yo nunca escuchaba fuera de mi casa, como “trinos”, “sextiles”, “cuadraturas”, además nombraban a los dioses romanos, que por supuesto yo no conocía aún, con mucha familiaridad, “Neptuno en cuadratura con Júpiter”, o “Marte está en trino con Urano” o frases como “tiene el Sol en la nueve”, si alguna vez las repetía a mis compañeros de escuela o amigos, me veían como si estuviera loca.

Mi madre llevaba en una maleta una grabadora pequeña, casetes nuevos, sus plumones, reglas, algunos libros y un folder con el mapa astral a interpretar en esa clase. Lupita, tras sus anteojos, revisaba el cálculo contra las efemérides, un libro donde se registran las posiciones de los planetas día a día, y tablas de casas, otro libro donde se consultan las casas mundanas (las casas mundanas representan las áreas de la vida, como hogar, pareja, trabajo, etc.) buscaba la posición del Sol y verificaba que estuviera en la casa correcta de acuerdo a la hora de nacimiento.

Cuando empecé a estudiar Astrología trece años después, comprendí que toda la precaución para revisar un mapa astral antes de interpretarlo es poca, pues con un pequeño error, se puede perder la utilidad y el sentido del mapa.

Si se ponía un Mercurio en lugar de Venus, si se trazaba un trino con color rojo, o si se confundía a Virgo con Escorpio, se tenía que empezar de nuevo.

Cuando aprendí a calcular un Mapa Astral se necesitaban muchos elementos, primero la hora de nacimiento lo más exacta posible. Una vez con la hora exacta, debía buscar si, en el momento que nació esa persona, hubo un cambio de horario y hacer el ajuste al meridiano oficial que registraba el horario en el país de nacimiento. Para esto debíamos guardar cualquier noticia, libro de historia, atlas, etc. que pudiera contener datos importantes. Algunos de esos textos los exhumamos de locales de libros usados, llenos de polvo, como auténticos tesoros. Lupita tenía unas listas con esa información y les sacaba copias que enmicaba para sus alumnos y los interesados seguíamos anotando los cambios y fechas según sucedían. Calculaba la hora real de acuerdo al meridiano oficial, luego con el de Greenwich, 4 minutos por grado.

Con el resultado de este y otros cálculos, buscábamos en las tablas de casas el Ascendente, que es el signo zodiacal que “subía” por el horizonte al momento del nacimiento y que nos orienta para conocer la personalidad de alguien y los escenarios de sus experiencias.

El Mapa Astral Personal es una representación del cielo tal como se ve desde el lugar de nuestro planeta y a la hora exacta del nacimiento de una persona. Es un dibujo de un instante en el Universo. Un gráfico en el cual, una mente preparada puede reconocer y describir las características de una persona o de un momento, en el caso de la firma de un contrato, o un matrimonio, por ejemplo, pero no podrá predecir los hechos exactos, ni acciones, ni las consecuencias de éstas. Se pueden observar las posibilidades de acción o reacción de una persona de acuerdo a su mapa natal, pero también se toma en cuenta el libre albedrío y la voluntad de la persona. Es un código astral que contiene un patrón de evolución. Por lo que la manera en que esta alma lo viva, lo observe y responda a ello, impactará en su comprensión y consciencia, y a la vez, enviará información de regreso al universo en un intercambio divino de energía y experiencias.

El cálculo de un mapa astral requería por lo menos de unas tres horas.

En la escuela nunca entendí cómo hacer este tipo de ecuaciones. Mi hermano pasaba horas y horas enseñándome a despejar una “x”, al día siguiente yo presentaba el exámen, lo pasaba de “panzazo” y olvidaba el tema.

Pero sentirme tan importante entre tablas de casas, efemérides, logaritmos, antilogaritmos, estrellas, gráficos llenos de símbolos, era tan emocionante que me obligaba a mí misma a estar a la altura de todas esas cosas y hacía el esfuerzo necesario para lograrlo. En mi imaginación viajaba al espacio, recorría las órbitas de los planetas y escuchaba los susurros de los dioses revelando secretos sobre el destino escrito en las estrellas y la eternidad a la que pertenecen. Así fue que la Astrología hizo uno de sus primeros milagros en mi persona: aprendí a calcular un mapa astral y  con el tiempo los calculaba en menos de lo que canta un gallo. Y no se diga del trazo del esquema, siendo Luna en Libra, me esmeraba en la armonía y proporción de la carta ¡tenía que verse bonita!

Las posiciones calculadas de los planetas, el ascendente y las casas mundanas se dibujaban en los grados exactos de los signos del zodíaco, con plumones de colores, como esos que recuerdo sobre el escritorio de Lupita, quien diseñó un esquema zodiacal, que mandaba a imprimir por cientos, donde se dibujaban los símbolos de los planetas y se trazaban los aspectos.

Todo el proceso para calcular y trazar el mapa astral de una persona establecía una conexión con su energía y su esencia que facilitaba la interpretación.

La Astrología es arte y ciencia, el resultado depende de la preparación, del conocimiento y de la visión del que realiza la interpretación. La Astrología es tan vasta que abarca cualquier profesión, emoción, talento y área de vida que existen. En mi consulta atiendo a médicos, artistas, mujeres de todas las edades, jóvenes, amas de casa, empresarios y a aquellos  que buscan respuestas profundas sobre su vida.

La meditación ha sido una herramienta, un buen recurso para lograr un estado neutro, sin juicios, para explicar lo que se ve y decir lo que se tiene que decir, con empatía y comprensión de cualquier experiencia de vida que los clientes me confían. 

Pero eso no era para mí a mis siete años, Lupita y mi mamá me pedían que saliera al jardín cuando se ponía interesante la interpretación.

Era morena, robusta y de buena estatura, muy reservada, era Sol Virgo. No se tomaba fotografías, por lo que no conservo ninguna. Mi mamá me contaba que pertenecía a una logia, donde aprendió Astrología y otros misterios, había obtenido el grado más alto permitido a una mujer y al quedar viuda, comenzó a enseñar Astrología, con el permiso de su escuela, quienes accedieron para que obtuviera ingresos económicos para ella y su hijo.

Cuando mi madre le platicó a Lupita, años después, de mi interés por la Astrología y de mi condición de madre soltera y le habló también de que la estrella Sirius estaba en conjunción, es decir, muy cerca, al Sol en mi mapa, me tomó como su discípula y me convertí en su última alumna.

Recuerdo que por mi juventud y condición, pidió una cuota significativa como retribución, enseñándome las primeras dos lecciones:

La primera: valor y precio no son lo mismo.

La segunda: somos sólo un eslabón en la cadena de la vida y es deber “saturnino”, sembrar semillas en los jóvenes para preservar el conocimiento y la experiencia.

Como parte de los cuidados a su salud, tenía que seguir una dieta, que de vez en cuando le permitían romper. Aproveché eso para mostrar mi agradecimiento y me convertí en su cómplice, cocinaba para ella, le preparaba chiles rellenos con queso en salsa de jitomate, o tortitas de plátano macho con frijoles y queso capeadas, sopa de verduras con caldo de pollo, el platillo estrella era una deliciosa receta de una tía abuela mía: manchamanteles, que preparaba con pollo, una salsa de jitomate asado, con yema cocida, piña, manzana, un poco de canela, dos pimientas y un clavo.

Muchas veces, cuando tenía que batir el huevo a punto de turrón para capear, lo hacía con un tenedor, mientras echaba un ojo a mis apuntes para tener fresca la información en la clase, mezclando los placeres por la comida, con el hambre de saber.  Venus aparecía entre el dulce olor de la manzana y canela, Marte en el olor de los chiles poblanos al desvenarlos, y la Luna en la satisfacción de hacer algo especial para una persona que quieres. Para mi Sol de Cáncer resultaba muy agradable. Aprendí las primeras lecciones de Astrología cocinando, al ritmo del tenedor que convertía las claras de huevos en fina espuma, entre las pimientas, los clavos y tomates asados.

En las clases, la memoria y lucidez de Lupita opacaban su postración. Dictaba las lecciones básicas casi con perfección, mientras yo anotaba lo más rápido que podía, cuando llegaba a mi casa pasaba las notas en limpio. Si tenía una duda, debía esperar hasta la siguiente semana, porque si le preguntaba a mi mamá, me decía que buscara en los libros o me respondía con un - Tú ponlo así. -

Mientras me daba la clase los dedos de Lupita, tejían pulseritas con hilos de colores, me regaló una roja, la usé todo lo que pude hasta que se reventó de vieja. Hace algunos años mi mamá y yo encontramos una entre las páginas de un libro de meditación, me dijo que la puso ahí tal cual se la regaló Lupita, y al ver la emoción que sentí, me la regaló para que yo la conservara. La puse en un portaretrato y ocupa un lugar especial en el librero de mi estudio.

La pulserita impregnada de su esencia y un libro titulado “La vida después de la muerte y el nuevo nacimiento" que trata de la existencia del alma en sus relaciones con el cosmos, de Rudolph Steiner, fundador de la escuela antroposófica, es lo único material que conservo de ella. Dentro de mí llevo la semilla que sembró, germinó y sigue creciendo y extendiéndose, también tengo su bendición. Lo sé porque cuando he tenido que tomar decisiones importantes con respecto a Astrología, pasa algo extraordinario, un contacto con ella que me guía y aprueba, como lo narraré en su momento.

 

Comentarios