3 En busca de la libertad.

 EN BUSCA DE LA LIBERTAD


Ahora entiendo la vida como evolución, nosotros somos actores de esa evolución, bajo el guión de un estricto orden matemático, por lo que muchas cosas que sentimos, vivimos y hacemos en ciertas edades, están implícitas en ese orden. Por lo que a mis 21 años, mi necesidad de lanzarme a la conquista de mí misma, no era opción, estaba dentro del orden natural de las cosas.

Podemos saberlo o no, aceptarlo o resistirnos a comprenderlo, pero la vida fue antes que nosotros y será después de nosotros, con sus tiempos, con sus reglas. La madurez es evolución, exige cortar lazos cómodos, si no lo hacemos, la vida lo hará por nosotros, de cualquier forma, porque revelar nuestra esencia única, nuestra individualidad, es el camino. 

Cada etapa de crecimiento conlleva la destrucción de algo, de lo que creíamos ser, de una relación, de una forma de vida. Nos coloca en las circunstancias precisas para que la vida siga a través de nosotros y si nos resistimos, encontrará la manera de seguir adelante, a través de nosotros o a pesar de nosotros. 

Romain Rolland, un escritor francés que despertó mi espíritu heróico en los inicios de mi juventud, escribió:

 “... pero nosotros no escogemos, es nuestro destino quien lo hace y lo sensato es mostrarse dignos de su elección…”

Yo pienso que quizá lo único que podemos decidir es la dignidad con la cual enfrentar la vida. Y hacer uso de ese beneficio, no es para personalidades débiles.  

Tenía que dar un paso, tenía que salir de la zona de confort, dejar de cubrirme bajo el ala de mi madre y aprender a extender mis propias alas. Ambas nos resistimos y nos arrastramos a una difícil lucha que nos costó por lo menos dos años de alejamiento. 

Cuando Urano hizo oposición a mi estelio en Cáncer, es decir tres planetas juntos, en la casa del hogar, su influencia intensificó mis problemas con mi madre, porque yo sentía que quería controlar mi vida, y se hicieron insoportables, a fuerza de presión uraniana, se reventó, y salí expulsada del confort familiar, de la forma típica en que lo hace este planeta cuando queremos evitarlo: de repente, rompiendo restricciones e ignorando las pérdidas. Un día, después de una muy desagradable discusión, tomé a mi hijo con una mano, con la otra las cosas indispensables que podía sostener y abandoné el abrigo familiar. Poniendo en uso la influencia de Urano opuesto a mi ascendente.

Saturno, con benevolencia, me hizo llegar los recursos económicos necesarios para sostenernos a mi hijo y a mí, de una manera poco usual: escogí cinco números de seis en el sorteo de Melate, el dinero que gané me alcanzó hasta que me emplee como secretaria en un banco. 

Más asentada, volví al estudio de los planetas, que compartí con el que fuera mi pareja y padre de mis dos hijos más jóvenes.

Estrené mi primera tarjeta de crédito comprando las efemérides y tablas de casas necesarias, para calcular y trazar una carta astral, y también cualquier libro sobre astrología. No había muchos disponibles, tenían que buscarse en librerías especializadas y no se encontraban fácilmente. Ardua tarea que templó mis ganas de estudiar Astrología.

Como pude, recordé los pasos necesarios para el cálculo de una carta y emprendí nuevamente el camino. Busqué al nieto de la maestra Lupita, él seguía, como yo, buscando y estudiando. No tenía acceso a la biblioteca de su abuela y no contaba con más información que yo. Así que sólo nos vimos para tomar un café, platicar de su abuela y disculparme por no asistir a su funeral, porque no respondí a su llamada telefónica para avisarme, creyendo, por la hora, las tres de la mañana, que era una de esas llamadas que hacían algunos frustrados sexuales. Al poco tiempo, perdimos contacto. Y caminé hacia la estrella que el destino tenía para mí.


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