5 Nada te turbe.
Nada te turbe… me recitaba mi padre cuando algún revés de la vida me alcanzaba. Mi juventud se ofendía ante tanta calma y mi pueril ignorancia se espantaba, mientras andaba de muda en muda, buscando mi lugar.
Era un hombre fuerte, bohemio, filósofo. Me arrullaba con lecturas que otros padres hubieran evitado. A punto de dormir, su voz descifraba los textos de algún libro interesante de desarrollo personal, filosofía o espiritualidad. Ahora pienso que era su manera de darme fundamentos internos para el futuro.
Entre muchos, El tercer ojo, de Lobsang Rampa, con su firma estampada en 1967, que acostumbraba plasmar al concluir cualquier lectura, permanece en mi librero como sustento psico-emocional, con la mía debajo, fechada veintiún años después.
En espacios abiertos nos reunía con un chiflido, que le dio su apodo. Comía aguacate a cucharadas y no soportaba a las mascotas.
Pintaba los pizarrones de su academia y hacía sus propias sillas. Recto la mayoría del tiempo, me dio un certificado de su escuela, aún cuando nunca estudié en ella, y me calificó con dieces, tal era su confianza en mí.
En los dictados a sus alumnas les hablaba tanto de Zaratustra como de Napoleón Hill, de Sócrates y de Santos católicos.
Amó a mi madre y juntos renacieron sanando a otros y rompiendo hábitos y costumbres familiares donde ya no cabían sus vidas, dejándome un gusto invaluable por el encuentro con nuevas ideas, disciplinas filosóficas y un profundo respeto a la vida.
No renunció al amor, aún sabiendo que sería juzgado.
Dejó su cuerpo a los setenta y un años, y su semilla germinando en nosotros, en sus nietos y en sus alumnos.
Chufizo, vive en mi corazón, en el rojo cabello de mi sobrina, en el incesante interés de mi hijo por conocer la naturaleza humana y espiritual, en la forma de la boca de su nieto más pequeño, en la resonancia de los poemas que repetía, en la fortaleza de su primer nieto varón, en el recuerdo de sus manos blancas, firmes, que nos acariciaban sin tocar.
Y aún, teniendo sus formas, colores, poemas, lo busco entre las estrellas cuando mi corazón le echa de menos.

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