10 Segundo rapto.
En poco más de un año, agotada físicamente por la doble jornada de trabajo diario, como guía montessori, cuidar a dos pequeños y el trabajo en casa, intenté formar de nuevo una “familia” con el padre de mis hijos, engañándome pensando que sería más fácil.
Abrí la puerta otra vez a la codependencia, la puerta grande.
Plutón, el purificador, opuso al planeta que gobierna mi casa VII, la de la pareja, me convocaba a transformar esa área de mi vida.
Fueron años muy infelices para mí. Los problemas no solucionados durante la separación, sólo se acrecentaron. Con buenas intenciones participamos en un grupo de constelaciones familiares, donde individualmente realicé un trabajo interno y aprendí mucho, pero fue inútil para la relación de pareja. Con mucha lentitud, pero con más precisión, se fueron gestando cambios que tardaron cinco años en dar sus frutos.
Los misterios profundos también son concesiones de Plutón y bajo su influencia, inicié mis estudios de Tarot, meditando y descubriendo una maravillosa herramienta para seguir aprendiendo de los misterios.
Mi práctica con el Tarot se inclinó hacia los procesos internos que nos llevan a reconocer esas cosas que ocultamos bajo la alfombra, a mirar de frente esas situaciones o comportamientos que no son agradables.
En una sesión de Tarot Terapéutico muchas personas descubren sus verdaderas intenciones ante una situación, problema o persona, pueden reconocerlas, hacerse responsables, integrarlas y modificarlas si es lo que quieren. Amplían la visión de algo y escuchan lo que su ser interno quiere decir.
Para mí, el uso de Tarot, como lo mencioné antes con la Astrología, depende de la persona que lo interprete, ya que sólo podemos ver a través del propio conocimiento y experiencias y en base a ellas describimos lo que vemos.
Muchas veces, según se requiera, utilizo Astrología y Tarot Terapéutico juntos, para obtener un panorama más completo. Y muchas veces también, compruebo que la información coincide y se complementa con las circunstancias del momento de un consultante. El cambio de perspectiva y tranquilidad que se llevan al finalizar la sesión, es la mejor prueba de su eficacia.
Continué practicando y estudiando ambas disciplinas, y además experimentando en carne propia lo que observaba en los astros y su resonancia en mi vida.
Como un giro de la fortuna y bajo el influjo del libertador Urano de nuevo, que se acercaba a mi ascendente, que representa al cuerpo, el pequeño Sol en Leo, me contagió de varicela a mis treinta y nueve años. A esta edad, prácticamente sentía morir, mi cuerpo no respondía con fuerza. El cansancio al subir o bajar escaleras, y caminar unos cuantos metros de la mesa del comedor a la sala, era como correr un maratón. La sensación de fiebre, las intensas punzadas de cada erupción, que invadían mi cuerpo, por dentro y por fuera, sólo puedo describirlas como una tortura infernal.
Pero esto no era todo, Saturno, en su severa labor, oponiendo a su propia posición en mi mapa, me mostraba sin misericordia mi realidad, mi pareja lo hizo aún más difícil con una actitud de indiferencia. Plutón en la casa VII, como es el mío, estaba sacando lo oculto, con el mayor dolor posible para hacerme resurgir y enseñarme cómo se ejerce el poder sobre mí misma.
Comprendí entonces cómo había planeado mi rapto por segunda vez, desde meses antes, en complicidad con Plutón.
Estas crisis me llevaron a dar un buen salto. Tomé la decisión de no detenerme, de crear un espacio propio donde escribir, estudiar y cuidar mi jardín interno, además de seguir criando a mis hijos.
Establecí prioridades en mi vida actué de formas aparentemente ilógicas, desconocidas para mí, pero que ahora veo con claridad, que fueron las mejores en ese momento, con los recursos que tenía. Molesté a muchas personas con esa decisión, mi propia hermana me juzgó por el daño que estaba haciendo al no seguir como “debería” los patrones y creencias heredadas de la familia y la cultura machista. Nunca se enteraron de que cada mañana, al abrir los ojos sentía que las paredes se me venían encima, que me levantaba con gran esfuerzo sólo para atender a mis hijos, que no me alcanzaba con respirar para estar viva, y lo padecí literalmente durante por lo menos tres meses con una alergia, aparentemente provocada por el polen, con episodios de tos incontrolables, por las noches los más intensos, y durante el día los más controlables. En dos ocasiones prácticamente perdí el aliento, asustando al pequeño Sol Piscis, que pensó que yo iba morir porque casi no podía respirar. Ningún remedio ni receta eran capaces de eliminarla porque mi asfixia era del alma.
Los que juzgaron mi comportamiento, también pasaron por alto la violencia física a la que me expuse con el despiadado Plutón, a través de mi pareja, como sacudida ineludible para que mirara la ira, el odio, la violencia y la muerte que llevaba por dentro, haciendo uso de la misma energía de Plutón, le amenace, le grité que si volvía a tocarme llamaría a la policía, y también porque me defendí con uñas y dientes, dejándole cicatrices difíciles de disimular, en la piel de quien había rebasado mi fuerza interna y al no poder obligarme a ceder ante sus manipulaciones y maltratos psicológicos, emocionales y económicos, la fuerza física fue su recurso desesperado.
Reconocer estas sombras en mí misma era requisito indispensable para salir de ese territorio oscuro, frío y tortuoso al que entré, por mi propio pie, unos años antes.
Esos maltratos, la mayoría de las veces son normalizados, si bien para evitarlos una debe hacerse responsable, también conllevan un desafío a las costumbres establecidas por la sociedad, es un trabajo muy duro y dejan cicatrices invisibles en el alma, y la más dolorosa para mí, es la impotencia que provoca la costumbre cultural de pasarlo por alto, porque asumirlos requiere valentía para resistir, además de tomar acciones que superen el miedo para salir de la zona conocida, que aunque sea destructiva, sabemos soportarla mejor que el riesgo.
Plutón seguía con su plan, en cuadratura con mi Luna, que representa a la madre, destruyó cualquier apego infantil inconsciente, quemando sus últimas naves cuando planeé una visita con mis hijos a casa de mi madre en Cd. Mx. Un día antes me llamó para decirme que no llevara a sus nietos, que tampoco fuera yo. En total desconcierto lloré hasta que no salieron lágrimas. Revisé mi mapa astral para amortiguar la sensación de desamparo. Me rendí al comprender que tenía que resignificar ese dolor, y se fue transformando dentro de mí. No suspendí mi viaje, me hospedé en casa de una amiga. Cuando mi madre se enteró que no fui a visitarla, me reclamó, ella no tenía presente, que era una pieza en el tablero de las motivaciones planetarias intentando ampliar mi consciencia. Seguro que mi madre tenía su propio aprendizaje y experiencia. Respondí a su reclamo recordándole que ella me pidió que no fuera a su casa, sin aceptar que ella lo había provocado, me reiteró que su casa era mi casa también, que podía llegar cuando quisiera.
Si algo comprendí a fuerza de “plutonazos” fue que para trascender mi codependencia, tenía que tomar las riendas de mi vida con total responsabilidad y no esperar que la otra parte, enferma también, hiciera un cambio. El eterno círculo donde la costumbre se hace vicio, sólo podía romperlo asumiendo mi responsabilidad.
Asistí a las reuniones de un grupo de Al anon (institución no gubernamental, sin fines de lucro, dedicada a asistir al entorno familiar de enfermos de alcoholismo), donde escuché historias, aún peores de las que yo llevaba dentro. Por alguna razón, el protocolo que se sigue normalmente de asignarle una guía a quien asiste por primera vez, no se siguió conmigo, cuando me dí cuenta de eso, también comprendí que estaba sola en mi círculo vicioso, así me lo estaban diciendo las circunstancias.
A Plutón le importa la transmutación, destruirá complejos, razones, apegos, familias, cuerpos, quemará ciudades y bosques para mostrarnos su poder, y mostrarnos el nuestro, si encuentra resistencia, simplemente arrancará la vida, transformando lo que una cree Ser, porque sabe, que la muerte es vida y que renacer es lo que sigue a morir. Y cuenta con la eternidad para lograrlo, por lo que no tiene prisa.
Una de esas cosas locas que hice bajo este cóctel de influencias planetarias, fue dar un salto de libertad uraniana: me fui un mes completo, yo sola, a otra ciudad. Mis hijos más pequeños se quedaron con su padre. Fue como una cuarentena psicológica que fortaleció mi autoestima. Sentí el cariño y cuidado de las personas con las que conviví durante esas semanas y me fortalecí. Regresé aún sin saber bien qué hacer, pero con la certeza de que cambiaría mi vida o moriría en el intento.
Un aspecto silencioso, pero no por ello menos intenso, era la influencia de Saturno, al que yo llamo el auditor de vida, hizo que asumiera mi responsabilidad y que pagara las facturas, poniendo orden y ejerciendo mi propia autoridad.
Recurrí a mi huída clásica, que ya conocía bien, hacia otra espacio en busca de libertad y mejora, que Urano opuesto a mi ascendente me facilita. Busqué una casa para mis hijos y yo para mudarnos.
Condenada a habitar en el submundo psicológico de Plutón por los siguientes ocho años, ya que eso duraría el tránsito a mi estelio, de nuevo sola, en crisis y con la responsabilidad de dos niños, me entregué al proceso, no consciente del todo.
Mi amor a la Astrología seguía, cada año más fuerte, en cada movimiento planetario, más vasto, en cada resonancia energética, más vivo. Continuaba con empeño impartiendo clases de Astrología. Con la facilidad que daba internet, era mucho más rápido encontrar artículos muy interesantes, conocer nuevas propuestas astrológicas y tener contacto con personas que también la practicaban.

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