11 Habitando el infierno.
Un estelio en el mapa astral, es un aspecto fuerte, son tres o más energías que se manifiestan juntas, y cuando actúa una, como juego de billar, pone en movimiento todo en el mapa natal, con la finalidad de seguir creciendo.
Por otro lado, Plutón es poco misericordioso, sin embargo, a lo largo de mi propia experiencia, lo reconozco como el que realizó una verdadera alquimia en mí. Me despojó de todo a lo que yo me había aferrado como forma de ser, de la forma de actuar que me había sido útil hasta ese momento y de mis afectos familiares. No podía huir de mí misma.
Cuando su energía se manifiesta, las circunstancias de vida se tornan pesadas, obscuras, hay muchas pérdidas, principalmente muertes de algunas partes del ego, y las cosas que creíamos seguras, se destruyen hasta los cimientos para hacer algo nuevo. Incendia al ego, para renacer como Ave Fénix o morir.
El proceso es muy lento y doloroso, se lleva lo que queremos y lo que nos da seguridad. Así me sentía en esos años.
Antiguamente la mitología era usada como la psicología se usa hoy en día, y en Astrología aún explica muchas experiencias y les da sentido, como procesos psicológicos.
En la mitología griega, Perséfone, una doncella dulce e inocente, es raptada por Plutón, el dios del submundo, violada y obligada a vivir en un lugar obscuro, frío, en las profundidades de la tierra con su raptor. Ahí descubre un gran poder dentro de ella misma, que ya nadie le puede arrebatar. Al convertirse en la consorte de Plutón y reina del submundo, muere una parte de ella y nace otra más poderosa.
Cuando Plutón, toca el Sol, Luna o Ascendente del mapa astral, somete al mismo trato que a Perséfone, y aunque parezca irónico, cree en nosotros, tiene en cuenta nuestra dignidad y su mayor deseo y placer es conducirnos por los valles de nuestras propias sombras para encontrar el tesoro escondido en las profundidades: ejercer nuestro verdadero poder.
El poder de resistir hasta tener claridad para comprender. El poder de levantar las ruinas que somos, ponerse de pie cada mañana, con las fuerzas limitadas, y vivir la vida tal como es. El poder de resurgir, de levantarse y empezar a caminar de nuevo, dejando nuestras cenizas detrás. El poder de marchar hacia adelante, dejando lo que creíamos ser, lo que amamos, lo que ya no volveremos a disfrutar, y que aunque podamos tenerlo de nuevo aquello que nos causaba satisfacción, ya no nos hace sentir igual. El poder de renacer después de una alquimia, física, emocional, psicológica y espiritual. El poder de Plutón hace evolucionar a nuestra alma.
Bajo su influencia, la vida seguía, tenía que pagar recibos, cuidar y alimentar a mis hijos. Analizando mi situación, decidí que lo mejor sería autoemplearme en una actividad comercial, tomé un curso de emprendimiento empresarial y presenté un proyecto para vender alimentos, que autorizó la incubadora de empresas que promovía el mismo curso. Yo lo hacía con la finalidad de estabilizar mi economía, pero sin coherencia dentro de mí, con una lógica muy elemental.
Seguía obteniendo mis ingresos dando clases y consultas, y eso sí que me apasiona, pero la inercia de las creencias pasadas y limitantes con respecto a la seguridad económica, me desviaron un poco de mi camino pretendiendo que un negocio de alimento físico, que llevaba a cabo más por obligación que por gusto, iba a darme sustento. Mi producto era otro tipo de alimento.
Con perfección universal, retomé la dirección correcta. Urano, el impredecible, y Marte, el guerrero, “me empujaron” en las escaleras y se luxó mi tobillo izquierdo. ¿Acaso podría sucederme algo más efectivo para sentarme a contemplar las incoherencias de mi vida durante mes y medio?
Lo más obvio, se hizo evidente a mis ojos: seguían pidiendo mis consultas y mis alumnos seguían asistiendo a clases en la comodidad de mi casa, aunque estuviera en muletas seguía generando el sustento económico.
Una tarde, me puse a orar en el estudio donde trabajaba, con el yeso en mi pie, sosteniéndome con muletas y con el corazón (y las vísceras) en la mano, hice un trato con la vida: yo me dedicaría a servirla a través de la enseñanza de Astrología y Tarot Terapéutico y ella me daría los recursos económicos necesarios.
Cancelé el proyecto a la incubadora empresarial y seguí adelante con Astrología. Seguí dando cursos y talleres de Astrología, seguí estudiando y con la experiencia obtenida a lo largo de años de sesiones de Tarot, comencé la siguiente aventura, dar cursos de Tarot Terapéutico, como herramienta de autoconocimiento.
Plutón seguía presente, en esos años, lo más difícil y doloroso fue desapegarme de uno de mis pequeños, del Sol Piscis, de doce años, quien también fue raptado y despojado de la protección que sus padres podrían proporcionarle y en lugar de obtener cuidado y guía fue tomado como rehén por lo que los psicólogos llaman síndrome de alineación parental (SAP). Para aquellos que no saben qué es, explico brevemente que son comportamientos que el hijo o hija desarrolla como consecuencia de una estrategia de uno de los padres para denigrar al otro, rompiendo cosas, agrediendo sin razón, criticando y subestimando al padre o madre en cuestión, convirtiéndolo en un enemigo.
Confirmado tras consultar psicólogos, abogados e instituciones de gobierno, con el corazón roto y un dolor muy profundo, renuncié a mi hijo. Él ya vivía con su padre y le escribí una carta donde le decía que no lo buscaría más. Así le quitaría de encima la tormentosa presión de estar en medio de sus padres. Ya no habría contienda por su persona. Podría parecer absurdo, pero separarme de él y dejar su custodia completamente a su padre fue el más puro acto de amor, y desapego despiadado, que unos meses después fue recompensado cuando su padre, decidió que ya podía venir a mí. Plutón, rige el poder, el que no se ve, y yo recurrí a eso, aunque no tenía contacto con mi pequeño, no lo abandoné, pedí a un gran amigo que se acercara a él.
Con eso Plutón se llevó lo que yo consideraba uno de mis más grandes poderes en la vida y me obligó a ir más profundo todavía, a las entrañas de mi submundo y ejercer aún más poder, sobre mí misma. Había sido madre a los catorce años, de un Sol en Aries, como ya lo he mencionado, y a pesar de mi corta edad, eduqué y preparé a mi primogénito lo mejor que pude, obteniendo su reconocimiento cuando me agradeció por haber sido yo su madre. Pero eso no alcanzó para ser “buena madre” para el Sol de Piscis. Mi ego, mi orgullo de ser madre tan típico de un Sol en Cáncer, fue despojado de todo.
Por otro lado, mi hijo más pequeño, Sol en Leo, ganó. Me tenía para él solo. Sin embargo, esa bofetada de la vida, me obligó a honrar a Plutón de rodillas, a transformarme, a costa de dolor y a desapegarme de la idea de que yo era la mejor madre del mundo.
Aún recuerdo que cuando revisé mi mapa astral, unos meses antes de que Plutón aspectara al Sol de mi mapa, con cierta inocencia, pretendí negociar con él, le dije que se llevara todo lo que quisiera, pero que no tocara a mis hijos…

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