8 Primer rapto.
PRIMER RAPTO.
Entre biberones y canciones de cuna, descubrí que estaba bajo el influjo de la cuadratura del más temido, el que rapta y obliga a vivir en el infierno, somete al dolor, destruye y hace que vuelvas a nacer, el dios del submundo: Plutón, estaba en cuadratura a sí mismo (había recorrido noventa grados en el zodiaco, desde su posición al momento de mi nacimiento) en mi mapa astral. Dispuesto a hacer su labor: destruir todo aquello que me hiciera sentir apego, ideas, formas de vida, relaciones y a la posible muerte de mi hijo mayor. Es uno de los aspectos por los que todas las personas pasamos entre los treinta y cuatro y treinta y ocho años aproximadamente, las situaciones específicas dependen de la consciencia de cada quien, de sus mapas astrales y de las influencias que puedan estar haciendo otros planetas.
En un engranaje perfecto, encontré en el librero de la casa un libro de alcohólicos anónimos, que mi pareja había guardado. El contenido cambió mi vida, en sus páginas explica las etapas por las que pasa una familia con un miembro alcohólico. Como loza de mausoleo, cayó sobre mí, con todo su peso, la situación real. Aunque yo había dejado de beber años atrás, porque me dí cuenta de que estaba a punto de cruzar la línea que no tiene regreso, era una codependiente. El mayor trabajo interno fue reconocerlo, para poder cambiarlo. Durante años, viví una gran tensión interna, porque no podía ceder completamente a la codependencia, pero tampoco podía transformarla.
En esos momentos, Plutón tenía cómplices, al rebelde Urano de frente a Júpiter, junto intensificaban mis aspiraciones y mi deseo de crecer, con cierta ansiedad y premura. De una manera imperiosa me hizo ver, que si quería de verdad alcanzar la vida que yo deseaba, tenía que tomar una decisión muy arriesgada para mi yo codependiente, tenía que salir de ese ambiente tóxico.
El dolor de ver claramente que vivía en un ambiente de alcoholismo, y el efecto de la propia codependencia que se mueve en un vaivén entre la búsqueda de culpables externos y la necesidad de salvarlos. Esa era mi realidad, esa era yo, estaba secuestrada en las consecuencias de las decisiones que había tomado años antes, en resonancia a mi historia familiar.
Con la influencia de estos planetas, que me orientaban al crecimiento, y otros que me mostraban mi triste realidad, sentí dentro de mí un deseo poderoso de evitar que mis hijos repitieran la historia que me puso en acción.
Los miedos, la confusión entre el amor, el deber ser, el ser yo misma, la responsabilidad para con mis pequeños y mis propios deseos, todos en un cocktail psico-emocional.
Pedí un cambio, un camino, algo que me permitiera romper ese estancamiento. Y me fue concedido. Saturno, pero esta vez, en conjunción con mi estelio (tres planetas juntos en el mapa astral), me premió con un buen trabajo como guía montessori y en tres meses abandoné al padre de mis hijos, que no aceptó mi propuesta de cambio. Me mudé con los soles Leo y Piscis de un año y de tres y medio de edad, después de unas semanas de una terrible lluvia que inundó la casa dejando humedad en las paredes que pronto fueron invadidas por hongos, como las cuevas que habita el dios del submundo, un ambiente que me hacía sentir un frío en el alma. Además ponía en riesgo mi salud y la de mis pequeños. Para esas fechas, el Sol en Aries ya había salido al mundo a caminar su propia senda.
De alguna forma, se repetía la historia. Tenía que salir de ese ambiente y de la relación codependiente, de alcohol y de machismo.
Era una oportunidad que no podría ignorar, pero me faltaba mucho camino que recorrer y mucho que aprender de mi codependencia y de mi condición femenina.

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