14 Adiós mamá.
ADIOS MAMÁ.
Otra de las tareas de Saturno, en griego Cronos, señor del tiempo, es marcar los ciclos de madurez y crecimiento, se le relaciona con la sabiduría y experiencia que se obtiene a través del tiempo, con los ancianos y su fin de vida, por lo tanto con la muerte.
Cuando estaba muy cerca de mi Medio Cielo (MC), la parte más elevada de un mapa astral, que representa a uno de los padres, Saturno marcó mi orfandad.
Mi madre, recién cumplidos ochenta y dos años, murió. Sin importar mis años, ni el tiempo que ha pasado, duele. Duele quedarse sola, no escuchar su voz, no sentir su abrazo, el aroma de sus libros. Duele tomar el teléfono para llamarle y confirmar que regresó a su casa con bien y de momento recordar que ya no vive ahí. Duele el recuerdo de esa última llamada en la que ya no pudo pronunciar palabra. Duele la distancia entre las ciudades que habitamos, que impidió que fuera a su auxilio. Duele saber que tuve que agradecerle por teléfono por la vida, porque mi ser sabía que no habría otra oportunidad.
Júpiter, al que ella llamaba “el gran benéfico” también activaba a la Luna de mi carta, que representa a la madre. Así como expande y busca siempre crecer, así extendió al universo a la madre mía. Saturno haciendo su trabajo con severidad, hizo que se cumpliera su ciclo de vida.
Fue casi de repente, le llamé, descolgó el teléfono, pero ya no podía hablar, me comuniqué con una de mis hermanas, y ella con un vecino que fue a ayudarla mientras llegaba mi otra hermana. Un par de noches en el hospital por la embolia. Después de ver en el pasillo a mi hijo, el Sol en Aries, mi madre murió. La velamos en su casa, entre sus muebles, cerca de sus vecinos. Tomé sus plumas de pavorreal, sus cremas, sus labiales, su pijama, algunos de sus libros, sus Tarots y otros artilugios que sólo yo conocía y los traje a mi casa.
Con Sol Sagitario defendió su libertad y autonomía hasta el final de su vida. Dejó un halo de fortaleza tras de sí. Sus estallidos de ira, que no eran pocos, y de optimista alegría, habitan en mis recuerdos. Su gran valentía. Sus notas con reflexiones sobre sí misma. Sus retos no superados. También los traje conmigo.
Mi hermano, mis tres hijos, un gran compañero y yo, pusimos sus cenizas junto a las de mi padre en un lugar abierto, con una vista espectacular, como ella lo pidió.
Fue desahuciada en un momento de su vida, porque sus riñones fallaron y se negó a morir, se recuperó y vivió cinco décadas más. Fue luz para muchas personas, como maestra de inglés y de taquimecanografía en la academia de mi padre, años después de Astrología, de masajes, como terapeuta reichiana, como consejera. Practicaba meditación, tai chi, respiraciones solares, exploraba el Tepozteco, también fue médium y sanaba a las personas. No se negaba un buen cigarro, una cocacola ni un buen trozo de carne. Conocía a locutoras de televisión, grandes empresarios, huicholes, personajes raros que hacían inventos con cajas de colores y tenedores como antenas, para captar la energía del universo y recargar al cuerpo. Conocía a tantas personas que a veces la saludaban y no recordaba quiénes eran, respondía el saludo y platicaba con ellos, horas después recordaba sus historias.
La cercanía de la Luna con Urano le da sentido a muchas cosas respecto a mi madre, pero aún es impresionante para mí, entender cómo cabe tanto en la Luna en Libra de mi carta astral.

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