1 Primeros pasos.
Lupita, la maestra, pasaba los días y noches en una cama ortopédica en su recámara, con más de noventa años, sus ojos ya no veían. Su única nuera, era la encargada de su cuidado. Conocí a Lupita muchos años antes, en esa vieja casa de Mixcoac, al sur de Cd. de Mx., cuando mi mamá asistía a sus clases y me llevaba. Al abrir el portón se veía el jardín, al que daban todas las habitaciones, nos recibía en su estudio, subiendo escalones a la derecha que me gustaba brincar, era frío, con paredes muy altas y con vigas en el techo, para entrar se atravesaban las puertas de doble hoja con ventanas y cortinas que no dejaban pasar mucha luz. Los estantes, al rededor, de madera oscura llenos de libros viejos, con ese olor tan especial difícil de describir, tenían lomos de percudidos colores y algunos letras doradas, en las paredes pinturas viejas y cuadros con imágenes llenas de símbolos, cosas misteriosas e interesantes, que absorbían mi mirada y las contemplaba con una atr...